Howl

gallery-1491824982-katherine-langford-1

Hoy estoy usando lencería de encaje negro
Sólo para saber que la llevo puesta
Y debajo de eso
Estoy absolutamente desnuda
Y tengo piel,
Kilómetros y kilómetros de piel
Cubre todos mis pensamientos como plástico transparente
Te deja ver las sobras de la noche anterior que están adentro
Y a pesar de lo que pienses
Mi piel es suave y lisa
Y se marca fácilmente
Pero eso no importa, ¿verdad?
No te importa lo suave que sea mi piel
Sólo quieres saber qué hacen mis dedos en la oscuridad
Pero, ¿y si todo lo que hacen es abrir las ventanas
para ver los relámpagos entre las nubes?
¿Y si todo lo que anhelan son pasamanos
para escalar y respirar el aire fresco?

Hannah Baker

Jorge Eliécer Ordóñez.

DE LEOPOLD BLOOM A ULISES LAERTÍADA

Estos tiempos, navegante, no están hechos
para la gloria,
los dioses no toman partido por los hombres
y las pocas doncellas que florecen
están más preocupadas en sus asuntos triviales
que en favorecer a los héroes novelescos
las calles de Dublín exhalan un rancio vapor
de religiones,
aquí se van a las manos, a los cuchillos,
católicos y protestantes
mueren piadosamente en nombre del mismo Dios
que tanto aman y defienden.
Entre tanto yo, leo los inútiles chismes de provincia
sentado en el sanitario glacial de porcelana,
pienso qué cara poner en el entierro,
qué vestido lucir y qué palabras expresar
a los deudos.
Doy vuelta al riñoncito que cargo en mi bolsillo
acaso como un tic, acaso como una leve
y silenciosa rebeldía por los cuernos
que me aplica Mollie Bloom, con religiosa constancia,
casi con cariño.

Mi vida es simple como un gancho de ropa,
mi única batalla es soportarme todo el día,
mirar en el espejo este rostro sin mayor atributo,
afeitarme, ponerme el traje, como quien viste
el esqueleto de un espantapájaros

mi trabajo es pensar cómo poner la mente en cero,
no tengo, como tú, una isla lejana, ni un perro fiel,
ni una princesa ambigua tejiendo y destejiendo
el tiempo sin oficio.

Por eso, aunque no lo creas,
mi lucha cotidiana es tan heroica como la tuya:
mi destino consiste en no tener destino,
sólo en pasar por el ojo del día
como un camello ciego hacia la nada

Giovanna Pollarolo

EL PRINCIPIO

Esa navidad le regalé una almohada.
Una almohada no es más que eso: un regalo.
Pudo haber sido un libro
una corbata, un perfume, un reloj.
Pero le regalé una almohada.
Esa navidad él me contó
que yo ya no estaba en sus sueños:
había visto muchas puertas y oscuros callejones.
También me advirtió de la inmensa pena
que le daba tener que decirme
sus infinitos deseos
de acariciar otro cuerpo,
mirar otros ojos,
la ilusión de esperar a alguien
y la ansiedad de no saber
las ganas
de besar, abrazar, tocar, cantar, lamer, sonreír, reír, silbar, bailar.
Y yo le regalé una almohada.

YO FUI TU INASIBLE

Amada inasible, me llamaste una vez
inasible amada
fui
fui
era
hasta que me hice asible
dejé que me tomaras
casi, casi
desaparecí entre tus manos
me dejé devorar. Tus dientes amados
tus manos fuertes, el sabor de tu saliva
me salvé dentro de tu piel
me hice grano, pus
piojo en tu pelo
parásito en tu estómago
dentro de ti no corría peligro
pegada,
bien asida la inasible.
Me prendí a ti con garras que saqué
sólo Dios sabe de dónde
y conseguí ahogarte. Fuiste
mi cadáver exquisito.
No podías respirar
y era yo, alojada en tus pulmones
en la garganta, en la tráquea
no podías comer
y era yo en tu estómago
en el hígado.
No podías dormir, no podías amar:
era yo en todas partes.

Renato Alejandro Huerta

AMOR PLATÓNICO

Naces, como todo amor,
de la perpetua atracción hacia la belleza,
manifestándote en el crisol de la infancia
como ansia de apego a los mil cuerpos hermosos
a tu mirada visceral.

Evolucionas en el navío luminoso de la educación
encauzándote al puerto de las acciones bellas
y desembocando en el océano eterno de lo Bello en sí.

Pero sólo eres un amor abstracto,
capaz de unir mentes,
mas no la totalidad del ser.

Ni aun Sócrates pudo florecer
a través de tu desértico camino de ideas.

Y aunque en tu revelación más alta
te unes al sereno destello de la razón
naufragas en concedernos la virtud unitiva
que nos fusiona plenarios
con la Belleza infinita
del amado Divino.

Leopoldo María Panero

NO SE TRATA DE RENCOR, SINO DE ODIO.

Nada hay tan puro como el odio
que vierte esta fuente como dorada bilis
y en donde hay miles de flores saliendo de la enredadera
cruel de la nada, miles
de temblorosas lilas
como mil mentiras.
Yo soy alguien que miente en la tarde
rubí en los ojos del sapo
y espera que forma la cacería
de ciervos en la noche.
Porque lo que soy yo sólo lo sabe el verso
que va a morir en tus labios
como el relincho que da fin a la caza.

Vídeo poema: Pedro Ramos  textos_apropiados

Darío Jaramillo Agudelo

13

Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

Oliverio Girondo

NO SE ME IMPORTA UN PITO…

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Márcio André

GESTA

La mosca extrae de la mierda
los nutrientes necesarios para ser mosca

esta mandrágora de cristal líquido
y su multiojo de plomo

la película de una ala azúcar-metálico
complejo de mierda revestido de betún

cuando la realidad despega de las paredes
acorazada la vida vide cor meum
en el arco de su velo

es el sueño el que nos sueña
[en el corazón de la mosca]